19 abr 2008

Extraña

Asomé mi osadía a tu puerta, sin importarme quedar expuesta, revelando los síntomas de esta enfermedad de tu nombre y apellido.
Encontré una casa vacía y helada. Tu cuerpo embalsamado se mecía junto a un hogar sin leña y sin fuego.
Vi un rostro sonriente de plástico y ojos de vidrio.
Palabras sin sentido retumbaron como un eco hasta el los rincones últimos de la tierra. Supe entonces que me hallaba en aquel pueblo donde los seres que lo habitan quedan ciegos siempre, de tanto llorar la ausencia de sus alegrías.
Cerré la puerta y seguí mi camino.

AGOSTO DE 2007

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